Hace unos días emprendí un viaje que llevaba tiempo queriendo hacer: volver Granada, una ciudad que siempre te reserva sorpresas cuando vas con la cámara en la mano. Esta vez no era sólo una escapada fotográfica más, sino un taller de inmersión en fotografía de calle que había planificado para febrero con un grupo fenomenal de 8 fotógrafos. De nuevo trabajé con mi Fujifilm X-T5 junto al Fujinon 23mm f2 WR y en ocasiones con el Fujinon 16mm f2.8 WR
Seguimos avanzando en el año y las plazas para los próximos talleres ya se están cubriendo. Recordad que son grupos reducidos, así que si quieres venir a alguno, no tardes en reservar tu plaza en la web.







Desde el primer momento supe que sería especial. Empezar un taller en pleno invierno urbano tiene sus retos y sus regalos, y este grupo los vivió con energía, curiosidad y ganas de mirar más allá de lo evidente. Fueron dos días intensos, caminando, observando y fotografiando cada rincón, cada luz matinal y cada sombra que la ciudad nos ofrecía.
El ritmo fue exigente, como suele ser la fotografía de calle cuando te entregas a ella de verdad. Pero lo resolvimos con confianza: encontrando motivos allí donde otros ven lo cotidiano, empujando la creatividad y compartiendo entusiasmo. Cada asistente aportó su mirada propia y eso hizo que el aprendizaje fuera mucho más rico.







Recuerdo cómo la primera tarde se nos hizo corta mientras caminábamos por calles frías pero llenas de potencial. La luz de febrero a veces era dura, otras delicada, y en cada caso nos obligaba a tomar decisiones rápidas, a pensar con claridad y a capturar instantes que, de otra manera, habrían pasado desapercibidos. Fue una excelente manera de reforzar técnica y visión creativa.
El segundo día amaneció con más calma, y lo aprovechamos para alejarnos de los lugares más obvios y buscar escenas que contasen historias más sutiles. Con cada paso pude ver cómo el grupo se soltaba, cómo cada fotógrafo encontraba su propio lenguaje visual y cómo todos terminamos con imágenes que, más que fotografías, eran testimonios personales.






Al terminar el taller, sentí que no sólo habíamos mejorado técnicamente, sino que habíamos construido algo valioso juntos: una forma más consciente de mirar, de entender la calle y de utilizar la cámara como herramienta expresiva. Fue un fin de semana de aprendizaje profundo, de conversaciones enriquecedoras y de momentos inolvidables detrás del visor.
Seguimos avanzando en el año y las plazas para los próximos talleres ya se están cubriendo. Recordad que son grupos reducidos, así que si quieres venir a alguno, no tardes en reservar tu plaza en la web.
