El pasado 12 de septiembre volvimos a salir a las calles de Zaragoza para disfrutar de una nueva jornada de fotografía de calle en blanco y negro. Esta vez con un grupo reducido de 6 personas, algo que nos permitió trabajar con mucha cercanía y aprovechar al máximo cada momento de la jornada.
Nos lanzamos de nuevo a explorar Zaragoza en blanco y negro, dejando a un lado el color para concentrarnos en lo realmente importante: la luz, las sombras, el contraste, las formas y las pequeñas historias que aparecen continuamente a nuestro alrededor.
Si quieres asistir a uno de los próximos talleres de fotografía, echa un vistazo al calendario de la web.





Trabajar en blanco y negro supone, en cierto modo, aprender a mirar de otra manera. Al eliminar el color desaparece una parte importante de la información de la escena y nuestra atención empieza a centrarse en otros elementos. La luz adquiere más protagonismo, las sombras cobran fuerza y la composición se convierte en una herramienta fundamental.
Y eso es precisamente lo que hemos estado trabajando durante todo el día.





Me ha encantado ver cómo los seis participantes iban adaptándose poco a poco a esta forma diferente de observar la ciudad, buscando situaciones que quizá en color habrían pasado desapercibidas y aprendiendo a anticiparse a esos pequeños momentos que hacen que una fotografía de calle tenga algo especial.
Durante la jornada hemos recorrido diferentes zonas de Zaragoza, fotografiando, comentando las imágenes y compartiendo impresiones. Porque una de las cosas que más me gustan de estos talleres es precisamente aprender juntos y comprobar cómo una misma escena puede ser interpretada de seis maneras completamente diferentes.





También hemos tenido tiempo para hablar de composición, de la utilización de la luz y, por supuesto, de la edición y el revelado de las fotografías en blanco y negro. No se trata simplemente de convertir una fotografía en color a blanco y negro, sino de entender qué queremos contar con ella y cómo podemos utilizar los diferentes tonos de gris para reforzar nuestra intención.
Da igual el nivel con el que llegue cada participante. Lo importante es tener ganas de aprender, experimentar y salir de nuestra forma habitual de fotografiar.
Y creo que eso es lo que hemos conseguido durante esta jornada. Seis fotógrafos, una ciudad y muchas maneras diferentes de mirar.





Me quedo con una sensación estupenda después de este nuevo taller en Zaragoza. Volver a recorrer sus calles con la excusa de fotografiar siempre termina descubriendo rincones, situaciones y momentos que, a pesar de conocer la ciudad, seguimos teniendo delante de nuestros ojos.
Porque la fotografía de calle tiene mucho de eso: aprender a mirar lo cotidiano como si fuera la primera vez.
Gracias a los seis participantes por compartir esta jornada y por dejarme acompañaros durante unas horas en ese proceso de búsqueda.
Seguimos buscando historias en cada esquina. Todas las fotos fueron tomadas con una Fujifilm X-T5 junto a un Fujinon 23mm f2
