Barcelona siempre es un lugar especial para fotografiar. Sus calles están llenas de posibilidades, de personas, de contrastes y de pequeñas historias que aparecen y desaparecen en cuestión de segundos. Pero en esta ocasión el objetivo del taller era ir un poco más allá de fotografiar la ciudad: queríamos aprender a mirar de una manera diferente y, sobre todo, recuperar la confianza en nuestra propia mirada. Toda las fotos las tomé con una OM-3 junto a un Zuiko 17mm f1.8 II
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Durante toda la jornada fuimos planteando diferentes ejercicios y retos fotográficos que nos obligaban a cambiar nuestra forma habitual de trabajar. La idea no era conseguir fotografías «perfectas», sino experimentar, probar cosas nuevas y entender que muchas veces el principal obstáculo para hacer buenas fotografías no está en nuestra cámara, sino en nuestra propia cabeza. Barcelona se convirtió así en nuestro campo de juego.
A medida que avanzaba el día, fuimos trabajando conceptos como la observación, la composición, la anticipación, la paciencia y la búsqueda de una mirada personal. Ejercicios sencillos que, poco a poco, ayudaron a que cada participante dejara atrás la necesidad de encontrar constantemente «la foto» y empezara a disfrutar mucho más del proceso de buscarla.






Ver cómo, después de unas horas, cambia la manera en la que los participantes recorren una calle. Cómo empiezan a detenerse en lugares que antes pasaban desapercibidos, cómo se atreven a acercarse, a esperar, a cambiar el encuadre o simplemente a fotografiar algo que antes ni siquiera habrían considerado interesante.
Fue una jornada de conversación, aprendizaje, experimentación y muchas fotografías. Una de esas jornadas que recuerdan que la creatividad también se entrena y que, en muchas ocasiones, para volver a disfrutar de la fotografía simplemente necesitamos cambiar la forma en la que estamos mirando.






Si algo me gusta de estos talleres es precisamente eso: comprobar que no hace falta cambiar de cámara, viajar a un lugar extraordinario o esperar a que llegue la inspiración.






A veces solamente necesitamos salir a la calle, cambiar las reglas y volver a mirar.
