Hoy ha sido un día increíble haciendo fotografía de calle por Zaragoza. Siempre que me pongo al frente de un taller con un grupo de entusiastas, espero contagiar mi pasión por la cámara, pero la energía que se ha vivido hoy superado todas mis expectativas.






Nos hemos lanzado a explorar la ciudad en blanco y negro, retando al ojo a prescindir del color para centrarse en lo esencial: las luces, las sombras, el contraste y la geometría de nuestras calles. Me ha encantado ver cómo esa premisa, lejos de ser una limitación, ha disparado la creatividad de todos desde el primer minuto. Ver cómo el grupo aprendía a encuadrar rápido, a leer la luz de otra manera y a descubrir esas pequeñas historias cotidianas que suelen pasar desapercibidas ha sido una auténtica gozada.






Ha habido espacio para todo: desde patear el asfalto componiendo al vuelo, hasta sentarnos a hablar de edición y revelado para aprender a sacarle todo el partido a esa gama de grises que le da fuerza a una imagen. Da igual el nivel con el que venía cada uno; ver la evolución de sus miradas a lo largo de la jornada y el entusiasmo en sus caras es, sin duda, lo mejor de dedicarse a esto.
(Por cierto, todas las fotos que acompañan a este texto las tomé durante la práctica con la Fujifilm X-T5 y el 23mm f/2, un conjunto ligero perfecto para no llamar la atención).




Me quedo con una sensación estupenda y con muchas ganas de repetir. Ya estoy preparando la segunda edición para septiembre aquí en Zaragoza, así que si te apetece sumarte a la próxima caminata fotográfica, tienes todas las fechas de la gira actualizadas en el calendario de la web.
¡Gracias a todos los que habéis hecho posible este día! Seguimos buscando historias en cada esquina.
