¿Por qué nos empeñamos en pelear contra Instagram?

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Las redes sociales son el gran problema y la gran solución de nuestra era. Por un lado, como fotógrafo y formador quiero y necesito tener la máxima exposición para mostrar mi trabajo al mundo. No es frivolidad ni egocentrismo, es trabajar una imagen de marca fuerte para conseguir más y mejores clientes. Una estrategia de marketing. Por eso, y porque no es algo extraño hoy en día, muchos fotógrafos estudian a fondo los entresijos de redes como Instagram. Intentan buscar el agujero que les permita triunfar por encima del resto. Por supuesto, si el éxito llega rápidamente mucho mejor y, de hecho, es por ahí por donde comienzan a llegar los desengaños.

Os cuento mi caso personal. Abrí mi cuenta en Instagram hace ya un tiempo pero no la trabajé realmente hasta hace 3 años. Fue en el 2015 cuando me di cuenta que esa divertida y sencilla aplicación era el futuro del marketing digital y no solo para los fotógrafos. Mucho ha cambiado y crecido Instagram. Por ello, este monstruo en el que se ha convertido, atiende a pocas razones. Su logaritmo te muestra lo que él quiere, promociona y posiciona mejor las fotos que él quiere, y esto ha generado que proliferen miles de gurús que aseguran saber cómo ganar un millón de seguidores nuevos en un solo día. “Claro que sí, guapi…”

Vamos a ver qué podemos hacer para dejar de luchar contra Instagram intentando conseguir la receta mágica de los likes y los follows, y sigamos sus guidelines para crecer de forma orgánica y, si me lo permitís, de manera sana.

Mi fotografía ha perdido calidad técnica.

Una de las principales quejas de fotógrafos obsesionados en que su foto no pierda calidad al publicarla en Instagram. Guerra perdida si lo piensas bien, y sobre todo, si lees las FAQ de la propia red social que indica que la subas a la resolución máxima que quieras, sus algoritmos la reducirán hasta llevar tu imagen a un máximo de 1080px en el lado largo, en el caso de fotos en horizontal, o 1350px en el lado largo, en el caso de las verticales.

Por ello, si de verdad queremos obtener lo mejor de nuestras fotos tomadas con sensores de 24 megapixeles que generan imágenes de 6000/ 4000 px, resulta más aconsejable que seamos nosotros mismos los que preparemos a conciencia nuestras fotos en nuestro revelador preferido y así no dejar este trabajo tan crucial al algoritmo de Instagram, del cual sabemos poco.

Pensar que no importa como revelemos o realicemos una foto es un error de inicio. La actitud de “total, se va a ver tan pequeña que da igual”, nos convierte en fotógrafos que no se preocupan de sus fotografías, y eso es un problema. Cuanto mejor hagamos la foto y mejor resultado final obtengamos en el revelado mucho mejor. No hacemos fotos para mostrarlas en Instagram, hacemos fotos, punto. El que luego las preparemos para Instagram no exime que no podamos usarlas para nada más, y generalmente el resto de usos que podemos dar a una foto son más exigentes que esta red social en cuanto a tamaño y resolución.

Precisamente por el hecho de que me preocupo porque mis fotos se vean lo más perfectas posibles en cualquier soporte, me hace intentar controlar el proceso y ser yo quien reduce la resolución a la adecuada de Instagram, y así comprobar que se verá como yo quiero. Obviamente conservo el RAW original, por lo que puedo exportar de él todas las versiones que me de la gana, una de ellas, será la que vaya a Instagram y tendrá una resolución de 1080px el lado largo. Así me aseguro que se verá perfecta al subirla.

No consigo hacer crecer los likes en mis fotos

Para empezar, es más fácil crecer en likes porque dependerá del nivel de exposición que tengan esas fotos. Y esto lo puedes conseguir sin recetas mágicas, solamente usando los hashtags adecuados.

Los Hashtags son búsquedas avanzadas de términos que permiten agrupar las fotos y destacarlas alrededor de este término precedido por el símbolo #. No son la panacea, pero sí una de las formas más sencillas y rápidas para dar visibilidad a tus fotografías.

Existen aplicaciones que te ahorran el trabajo de buscar por tu cuenta los hashtags adecuados, pero ya te aseguro que en Instagram como en la vida, los atajos a la larga no funcionan. Merece más la pena que busquemos los hashtags adecuados que vayan bien con nuestro contenido. Mi consejo, que tengan más de 100k publicaciones de media y no lleguen al millón. Menos de esas cifras será más sencillo posicionar nuestras fotos, pero tendremos poca exposición. Si supera el millón será complicado posicionarlas y se perderán en el ruido general de Instagram.

No olvidemos que Instagram te proporciona servicios que quiere que uses.

Las Stories, los directos, las encuestas, hilos de respuestas en comentarios, etc…, todo eso está pensado para que pases más tiempo en Instagram y puedan colarte más publicidad. Desde que llegó Facebook es lo que es. Mi consejo, juega con sus normas. Cuanto más uses sus funcionalidades más contento tendrás al algoritmo de marras, y por tanto, más exposición tendrán tus fotos. Pelotear a Instagram te irá mejor que ignorarlo.

¿Pero qué pasa con los followers?

Muchos fotógrafos creen que con publicar buenas fotos ya es suficiente. Realmente, los perfiles en donde te encuentras una buena foto de paisaje, mezclada con algo más personal, luego una foto de calle, con otra de una flor, con otra de unos caballos trotando,… Siento decirlo así pero son perfiles que demuestran que aún no tienen las cosas muy claras, ni por estilo, ni por conceptos, ni por conocimiento de Instagram. Qué sí, que la foto será muy bonita, pero no dice nada más. El fotógrafo que mezcla paisajes, con macro, con calle, con retratos, con mil cosas, es un fotógrafo que está mandando un mensaje claro al mundo, y ya os imagináis que no es nada alentador, no aporta nada porque no hay trabajo de autor.

Hay que asumir las verdades para avanzar. Piensa en todos los grandes fotógrafos que admiras, fíjate en sus libros, en sus proyectos, en sus exposiciones, en sus trabajos, ¿no se distinguen todos por un estilo, por una forma de fotografiar, por una selección cuidada de las fotos que querían que viéramos? Pues no entiendo porqué no nos lo aplicamos a nosotros mismos.

Tenemos que ser los editores jefes de nuestro perfil, decidir qué publicamos, cómo lo publicamos y hasta cuando lo hacemos. Es la única forma de presentar al mundo un trabajo con sentido y homogéneo, que nos identifique y nos haga brillar con luz propia dentro de los millones de perfiles que pueblan Instagram. Después gustará más o menos, pero tendrá sentido para nosotros y para el público que encontremos, porque todos los estilos tienen público.

Por ello, los likes son más fáciles de conseguir que los seguidores. Lo seguidores buscan un trabajo a seguir, una idea, un estilo, un concepto que les atrapa y que quieren seguir viendo cada vez que abran Instagram. Es lo mismo que podemos aplicar a cualquier otro ámbito creativo. Vamos a trabajar nuestra galería como si fuera nuestra sala de exposiciones.

La comunidad manda

Instagram es una comunidad de personas que suben fotos, marcan Me gusta unas y otras fotos, comentan y responden, envían privados y los reciben. Es una comunidad que exige que seamos partícipes de la misma.

Esto, que dicho así parece una obviedad, se convierte en un trabajo importante. Es un esfuerzo de varias horas al día trabajar una comunidad en Instagram que te haga crecer y posicionarte dentro de tu nicho como fotógrafo. De hecho, es algo en que las empresas y freelance patinamos bastante. ¿Por qué? Porque no tenemos tiempo.

Siempre he visto más fácil que triunfen en Instagram los perfiles de personas que tienen su trabajo ajeno al mundo fotográfico. Que fotografíen y publiquen por mero placer o crecimiento personal. Es fácil de explicar, no tienen la presión profesional de llegar a un objetivo económico y solo están ahí para divertirse y disfrutar. Esa filosofía es difícil trasladarla al profesional que quiere usar Instagram para vender más, fotos, talleres, productos o servicios. Su objetivo es otro, la presión de conseguir el éxito es mayor, y por tanto, su forma de actuar en Instagram cambia. Y lo digo yo que soy al primero que le sucede.

Y es en ese punto, cuando te das cuenta que sin estar integrado en la conversación que se genera en Instagram, no solo en tu perfil sobre todo en la de los demás, estás muerto. Las personas somos personas, y nos comportamos como tales en Instagram o en cualquier lado, un sociólogo seguro que tendría mucho que decir en estos temas, desde luego mucho más que cualquier gurú digital. Nos gusta que nos sigan, que nos mimen, que nos hagan caso, que nos digan lo bien que lo hacemos, y por eso, es sencillo imaginar lo importante que es dar y devolver parte de ese cariño. Que tu cuenta tiene miles y miles de seguidores y no tienes tiempo para responder a todos, te entiendo y no pasa nada, llegamos hasta donde llegamos, pero debemos entender que si queremos entrar en el juego real de Instagram, y con ello seguir sus normas, tenemos que integrarnos en la comunidad, y ahí toca remangarse y remar todos los días. Este es el punto clave que hace que muchos no consigan ir hacia delante por muy buenas fotos que publiquen, simplemente, no están dispuestos a dar todo lo que la comunidad demanda. Y cuidado, entiendo que no lo estén, porque es realmente sufrido.

Stories, directos, ….

Todo suma, y como decía anteriormente, usar lo que Instagram te da es sinónimo de ir a favor del algoritmo. Aún así, no hay receta mágica, puedes hacer todo lo que te dicen para triunfar y no “salir del pozo” de los pocos followers. Pienso que seguir las recomendaciones que por experiencia te puedo dar, conseguirán ponerte en la línea en la que si subes fotografías de calidad y un buen contenido, irás creciendo poco a poco, con un ritmo creciente y con constancia. Pero no esperes picos de crecimiento rápidos y fulgurantes, porque son sinónimos de alguna práctica conflictiva con los guidelines de Instagram.

Así, que paciencia, trabajo, comunidad y constancia, esos son los ingredientes para triunfar. Haz que el esfuerzo merezca la pena.


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