La adicción a fotografiar con focales fijas

Utilizo la palabra adicción porque cuando probé por primera vez a fotografiar con una focal fija, comencé a mirar tan de reojo los zoom que si no es por pura obligación ya no los utilizo.

Cuando comienza a gustarte la fotografía un poco más en serio, sientes la necesidad de probarlo todo. Por ello, pensar en tener objetivos para cubrir el mayor rango focal posible es casi como imaginar que así conseguirás mejores fotos. En realidad, aún cuando consigues tener todo el equipo posible, te das cuenta que tus fotos todavía no salen como tú las habías imaginado. Esto es porque lo importante está detrás de la cámara y no delante. Pero de eso te das cuenta algo después y con tu mochila llena de equipo.

Mi caso no es distinto al de la mayoría. En su día compré dos objetivos para Nikon de la marca Tamron de 17-50mm y de 70-300mm. Dos objetivos para todo y que realmente cumplen lo que prometían. Una buena calidad de imagen, estabilización en ambos, y una luminosidad suficiente para empezar a hacer fotos con más garantías.

Me podría haber quedado ahí, pero cada uno evolucionamos de manera distinta. Comencé a darme cuenta el tipo de fotos que me gustaba hacer. Veía cada vez más fotografía y descubrí lo que se podía hacer con lentes más pequeñas y más luminosas. También empecé a darme cuenta que tener una cámara grande con objetivos grandes, no era algo que realmente necesitaba para conseguir lo que quería. Me sentía más cómodo con un equipo más discreto y ligero, y fue en esos días cuando llegó el 35mm 1.8.

Fue mi primera focal fija, el equivalente a 50mm que me dio todo lo que había estado buscando y que con el zoom no conseguía. Controlaba mucho más la profundidad de campo y centraba mejor la atención en los sujetos a fotografiar. Era más pequeño, más discreto, más nítido y me obligaba a ser más creativo. Estuvo mucho tiempo montado en mi cámara y salvo en momentos en los que realmente necesitaba un angular o un tele más largo, los zoom comenzaron a salir menos de la mochila.

Convencido como estaba con las focales fijas, compré un 50mm 1.8. La distancia equivalente es de 75mm, perfecto para dar un paso más atrás en Street, fantástico para retratos y genial para detalles. Todavía conseguía centrar más la atención en el sujeto y la distancia y nitidez me convencieron. Estaba comenzando a disfrutar de verdad, a mejorar mis composiciones y a entender realmente lo que estaba haciendo con mi cámara.

Muchos me preguntan cuál escoger entre estos dos. Y la verdad, no sabría responder porque lo dos son excelentes. Si no haces paisajes (aunque con estas distancias también en posible) deportes o vida salvaje de animales, te sobra equipo. Aunque lógicamente, no hay una respuesta general, porque cada persona tiene una distancia distinta.

Recientemente, con mi paso a Fujifilm, reconozco que he valorado adquirir un 23mm que equivale a un 35mm. Un angular para todo. Sé que sería perfecto para reportaje y me daría encuadres más amplios para dar más contexto a ciertas fotos. Mucha gente prefiere esa distancia porque te mete más en la escena. Yo no suelo fotografiar de esa forma, siempre estoy un paso más alejado para no intervenir, y no siento que me haga falta al 100%.

En este punto de la lectura puede que estés pensando, si ya tiene esas distancias focales en el objetivo zoom, ¿por qué perder tiempo en cambiar objetivos continuamente? Porque con las focales fijas no se trabaja así. Cuando llegamos a una localización a fotografiar, tenemos que pensar en hacer distintos tipos de fotos. Es decir, fotos del entorno, fotos del lugar, fotos cercanas, fotos lejanas, fotos de detalles, fotos de personas (si las hubiera y nos encaja) etc… Y para ello, cada distancia focal nos ayuda a contarlo de una forma. Mi forma de trabajar es esta:

Primero pienso en encuadres generales. Por ello uso una focal que me permita capturar el lugar, su entorno, y en esas fotos, no me importa que el objetivo sea muy angular. Le doy contexto, y en ocasiones me sirve el 35mm (50mm equivalente) y en otras tengo que montar el zoom de Tamron para usar el 17mm (24mm equivalente). Si tuviera una focal fija de esa distancia, desterraría el zoom definitivamente.

En segundo lugar me centro en los detalles, y para ello uso el 50mm (75mm equivalente). Cuando no lo llevo, me puedo apañar con el 35mm (50mm equivalente), pero prefiero el primero. Lo mismo sucede cuando fotografío a personas. Si no quiero dar contexto, como puede ser en un retrato en el que no es estrictamente necesario, el 50mm (75mm equivalente) es perfecto. Si quiero dar más contexto, el 35mm (50mm equivalente) es mi preferido. El cuerpo solo me ha pedido el 23mm (35mm equivalente) cuando he estado en estancias muy reducidas. Pero me he apañado con lo que tenía.

Lógicamente no estoy continuamente cambiando el objetivo del cuerpo, trabajo de manera ordenada, no “a la que salta”. Cuando decides montar una distancia focal en tu cámara tienes que pensar desde esa óptica, no cambiar de idea cada segundo. Esto no te ayuda ni con focales fijas ni trabajando con objetivos zoom, te lo aseguro. Por eso puedo decir con claridad que mis objetivos clave, tanto en Nikon, Fujifilm, o como la que venga mañana si es que viene, es el 35mm (50mm equivalente) como base para todo, y el 50mm (75mm equivalente) para detalles y retratos.

Es posible que termine con uno más en la mochila, es fácil que mi equipo, en un futuro, termine reduciéndose a un 23mm (35mm equivalente), un 35mm (50mm equivalente) y un 50mm (75mm equivalente) Sé que terminaré por desterrar los objetivos zoom por completo, el cuerpo me lo pide, cada vez me conozco mejor como fotógrafo y sé lo que veo y cómo lo veo.

Esta es mi historia y mi método, que no tiene por qué ser el tuyo, porque a estas conclusiones creo que hay que llegar sólo y  únicamente haciendo muchas fotos.